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#iCULTURA

El enígma de Judas Iscariote

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Existen diversas versiones sobre la verdadera naturaleza de este emblemático
personaje, surgiendo la duda de si sus acciones están justificadas o fue el mayor
sentenciador de la humanidad.

Judas es calificado como un personaje hostil, rencoroso, ambicioso e históricamente
despreciado. Jesús consideró a Judas como su mejor amigo, además de ser al
único judío, como él, que había elegido como apóstol y era al que tenía mayor
confianza.

Judas fungía en el grupo como el tesorero de todos los apóstoles, se conocía su
naturaleza tacaña y que solía robar de los fondos generales. Judas conocía el valor
del dinero, por eso es de extrañarse la mínima cantidad por la que vendió a Jesús y
sobre todo por la tristeza y el remordimiento que lo persiguió hasta el momento de
su suicidio.

Hasta nuestros días sigue siendo una incógnita el verdadero motivo que orilló a
Judas a cometer esta acción en contra de quien denominaba su Maestro y sobre
todo sus verdaderas emociones después de detonar la fatídica muerte del Mesías.
Thomas de Quincey (1857) justifica que por sus orígenes judíos y su estricta
disciplina religiosa, la admiración que le tenía a Jesús se disipó cuando se
presentó a sí mismo como el hijo de Dios y sobre todo este sentimiento creció
cuando comprendió que Jesús no los liberó.

Si bien Judas demostraba ser una persona rencorosa, siempre le tuvo un inmenso
amor a Jesús, y esto se justifica en que él al entregar al Maestro esperaba que
Jesús lograra escapar como las veces pasadas en las que se había visto en una
situación parecida. Entonces, ¿Judas Iscariote verdaderamente era malo o sólo
cometió un error?

Jorge Luis Borges, en su cuento Tres Versiones de Judas (1944), propone como es
que el antagonista de la historia de Jesús sacrificó más que el propio salvador.
Sobre todo porque justifica que sus hechos fueron hechos para el bienestar del
Mesías, específica como Judas realmente entregó a Jesús al populacho y no a los romanos, precisamente para para que cobrara la valentía que necesitaba para ser el
líder que reclamaban.

Sobre este argumento, Borges añade “El asceta, para mayor gloria de Dios,
degrada y mortifica la carne, Judas hizo lo mismo con el espíritu. Él renunció al
honor, al bien, a la paz, al Reino de los Cielos, como otros, menos heroicamente,
renuncian al placer […] Él pensó que la felicidad, como el bien, es un atributo divino
y no debe ser usurpado por los hombres”.

Judas no podía ser perfecto como Jesús, su historia no le permitía ser como los
demás apóstoles, pero el testimonio asegura que su arrepentimiento fue real y sobre
todo la atroz tristeza que le siguió hasta el final de sus días.

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