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#iMUNDO

Petro y la plataforma clave de su triunfo:TikTok

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El pasado domingo el candidato Gustavo Petro se consagró ganador con tres puntos de diferencia sobre su adversario Rodolfo Hernandez, en consecuencia este país tendrá a su primer presidente de izquierda.

A la campaña le antecede una estrategia de comunicación digital en donde las apuestas más ambiciosas de cada candidato fueron las redes sociales, configurándose una campaña llena de tecnopolítica.

La tecnopolítica consiste en estrategias que se gestan en un escenario digital, con el fin de obtener determinados resultados políticos, todo ello haciendo uso de herramientas de segmentación online como redes sociales, o incluso cuentas automatizadas (bots).

El protagonista digital de estas elecciones fué TikTok, una red social con formato de videos cortos, en donde Hernández y Petro se hicieron valer de audios, challenges y tendencias para provocar impacto.

Algunos de los contenidos se inclinaron a comunicar sus propuestas de campaña, otros a criticar al adversario y otros a presentarse de manera amigable con el electorado, participando en tendencias donde se mostraron de una forma poco tradicional, en la que algunos podrían expresarse de manera negativa por exponerse a burlas, sin embargo el electorado recibió estas propuestas de una buena forma.

En este sentido, podemos decir que la incidencia de la tecnología en un contexto electoral llegó para quedarse, y se ha convertido en un “must” dentro de la estrategia política.

Auguro que en razón de su efectividad, la estrategia comunicativa de los vídeos cortos y de otras herramientas de comunicación digital no se quedarán olvidadas y seguirán activas, ya no en un contexto electoral ni de campañas sino en uno institucional, en el que Petro ahora comunicará mensajes ejerciendo el cargo.

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#iMUNDO

¿Cómo se comunica la izquierda en América Latina?

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En nuestra última entrega analizamos el estilo de comunicación y las diferentes herramientas con las que dispone el presidente de México, Andrés Manuel Lopez Obrador cuando desea transmitir a la ciudadanía su perspectiva política ligada a la izquierda. A continuación analizaremos a dos actores políticos que pertenecen a esta nueva ola en ascenso de actores políticos de “izquierdista” en Latinoamérica. 

Alberto Fernandez

Llegó al poder en 2019 con un discurso progresista; promovió desde campaña temas como la Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo, planes y políticas públicas en contra del hambre y acciones concretas para enfrentar el cambio climático. 

El presidente después de tres años en el cargo, se ha encargado de comunicar de forma activa sus actividades desde el fuero, con videos y fotografías cercanas a la población, gusta de realizar recorridos y pequeños mítines a pie de calle. 

Sus primeras aplicaciones discursivas respondieron al inicio de la pandemia por COVID-19; las crisis sanitarias más intensas en Argentina se controlaron desde el discurso y estrategia de comunicación de Fernández, sus propuestas y manejo fueron de gran adhesión social. 

La voz de Fernandez, se convirtió en la de un comunicador con credibilidad, no requirió utilizar intermediarios específicos para abordar temas relacionados con el COVID-19. Esto en contraposición al papel que desempeñó el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo Lopez Gatell en México. 

En la actualidad su discurso se alejó con cautela de temas sanitarios, ahora tiene un tono mucho más polémico y menos “profesional”; responde a una dinámica de comunicación institucional y no de “crisis” como al inicio de la pandemia que se cruzó con una peligrosa crisis inflacionaria en Argentina, llena de especulaciones financieras y de críticas de la oposición. 

Actualmente vemos a un presidente que a pesar de sus bajos porcentajes en aprobación nacional, se mantiene cercano y tratando de conciliar con los diferentes públicos de Argentina. 

Nayib Bukele

Presidente de La Republica del Salvador, Nayib Bukele entra en los parámetros del político outsider, aquel que su formación profesional responde a un desarrollo alejado del círculo más cercano de la política Salvadoreña, se reconoce como un empresario más que como un político, todo esto, a pesar de haber tenido cargos públicos antes de llegar a la presidencia. 

El uso de herramientas digitales para la comunicación institucional ha sido una parte muy distintiva en su gobierno. Bukele por su conocimiento en publicidad y en marketing entiende que una comunicación “digerible” y de “fácil consumo» son claves para su gobierno. 

La comunicación del gobierno del Salvador se ha dividido en dos secciones: el perfil institucional y el personalista, que enarbola el presidente. Desde el gobierno, por supuesto que existen los comunicados tradicionales, pero también existe un tipo de discurso con gran alcalde que se comunica de muchas formas, por ejemplo, en pequeños fragmentos por redes sociales, usualmente con declaraciones polémicas. 

En este fragmento recuperado de TikTok, el presidente lanza una declaración de justicia por el asesinato de policias por parte de pandillas locales.

https://www.tiktok.com/search?lang=es&q=El%20salvador%20nayib&t=1656525618954

 Al día de hoy la cuenta oficial de Twitter de Bukele (@nayibbbukele) mantiene más de cuatro millones de seguidores. Su perfil photo recae en lo irónico, y nos habla de cómo la imagen pública de un presidente puede ser “menos institucional”. 

En este sentido podemos afirmar que la comunicación juega un rol protagónico en estos gobiernos, no sólo para promover una dinámica apegada a la vida democrática, ni para proveer de la información “oficial”, sino también para establecer liderazgos políticos.

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#iCIENCIA

¿Será verdad tu mentira? Desinformación y propaganda en el conflicto ruso-ucraniano. 

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Tras un período de ambigüedad y desencanto por dos años de cuarentenas y alertas sanitarias a nivel global por el SARS-COV 2, el mundo reactiva sus canales económicos, culturales, y por qué no, la tradición de los ejercicios bélicos en las tensiones territoriales o soberanías disputadas. Intercambiando la batuta con el fracaso de Afganistán, la eutimia coreana, y el estatismo sirio, siendo ahora un terremoto anunciado en Europa del Este desde 2014.

La máquina de guerra no es ajena a las civilizaciones, en historia oral como escrita, rinde testimonio sobre las grandes proezas y crueldades que carga consigo. Desde el uso de piedras y flechas, hasta las lanzas atómicas y las últimas creaciones de ingeniería en la aniquilación.

Pero, en pleno siglo de cambios tecnológicos y revoluciones culturales, ¿qué hace diferente al teatro de operaciones bélicas de sus antiguas herencias e historiales? Solo una cosa: se transmite las 24 horas del día a partir de cualquier punto de conexión en el etéreo Internet.  

El uso de la información es tan antiguo como nuestros vestigios enterrados en los montes y valles. Funciona para conservar el statu quo intacto, de igual manera, revertir el orden de las cosas. Sin embargo, su principal objetivo sigue siendo la capacidad de influir en las mentes y toma de decisiones colectivas. Puede ser a través de imágenes y palabras, o quizás ambas. Después de todo, la única forma de someter los sentidos y juicios radica en construir narrativas validadas por morales que se creen correctas.

Si antes de la democratización del uso de Internet las noticias y actualizaciones de los combates llegan por los noticieros o relatos de personas cercanas a los actos, ahora cada persona es un periodista, siempre y cuando tenga a la mano un dispositivo tecnológico que se conecte a la red.

Transmiten los hechos que ven y viven, las realidades y verdades que desean hacer públicas ante una audiencia desconocida que los respaldará en aprobaciones o pésames virtuales. Y sin caer en cuenta, ya dejan de ser meros espectadores, se convierten ahora en participantes con prejuicios y afinidades particulares.

Durante los reinicios del conflicto armado a finales de febrero del 2022, ambas naciones emiten sus declaraciones, agotando hasta los últimos recursos diplomáticos, pero provocando reacciones hostiles. Si algo es bien sabido es que los problemas que no tienen solución se administran, claro que los dos bandos tensan la tolerancia y subestiman la respuesta de su adversario.

A raíz de ello, ocurre lo que aquel pragmático y teórico prusiano de la ciencia militar, Carl Von Clausewitz, aporta a la historia: “la guerra es solo la continuación de la política por otros medios”.

Más allá de movilizar a la caballería armada de los tanques, los despliegues de infantería, y la superioridad aérea de los helicópteros y aviones de combate, el campo de guerra decreta primeramente sus alcances como fines últimos a la hora de transmitir sus motivaciones. Algo que nunca cambia en los mensajes es el espacio de invocar a Marte, para que despierte la pulsión del patriotismo e insufle como vitamina solar las pieles de todos los hombres en aras de cerrar las filas y dirigirse a defender o atacar 

Desde el Kremlin, la bandera informática es el reclamo de las tierras que les pertenecen por derecho, un asunto irresuelto tras vías “democráticas” con los referéndums en las regiones del Donetsk y Luhansk, que están asediadas por un viejo enemigo de la paz, el neo-nazismo de los grupos paramilitares ucranianos de Azov.

En cambio, el estandarte de Kiev versa un discurso apologético de viejos pasados, una victimización de los destinos injustos sobre la nulidad de los Acuerdos de Minsk del 2014, y las falsas promesas escritas de no ser invadidos tras el Tratado STARK a comienzos de los 90’s sobre el desarme nuclear del viejo complejo soviético con el propósito de ser reconocida su independencia y neutralidad político-militar.   

Las dos posturas son válidas si se contrasta el apego al quebranto de normas y las medidas reactivas ante ello. No obstante, el hilo conductor que ambas poseen radica en manipular la verdad a conveniencia, las mentiras parasitan sus versiones. Dos recuerdos no pueden ocupar el mismo sitio, entonces, ¿cuál se descarta y cuál impera? Sencillo, la que pueda falsear de mejor manera su camino entre las opiniones públicas y unifique el fundamento causal con los sentimientos de las personas.

Tratados, acuerdos y falsas acciones

La postura ucraniana radica en la defensa ante lo injusto, y por lo regular, en la historia de los vencidos y las similitudes culturales, se guarda cierto apoyo incondicional a esas causas. Sin embargo, su administración pública actual transgrede el principio pactado de no afiliación militar, buscando su adherencia al bloque de la OTAN en las reuniones del Consejo Europeo y las comunicaciones con Washington.

En contraste, la Federación Rusa hace alusión a ser respetada su zona territorial con base en los principios geopolíticos tras las divisiones pactadas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aunque los antecedentes de las guerras chechenas, los conflictos armados en los Balcanes, el período de ciberguerra contra Estonia y países que afrenten su dominio comercial y político, demuestran que las palabras y los hechos son dos cosas distintas.  

Ya sea “desnazificando” la cordillera de los Cárpatos, o abusando de las confianzas en el juego de soberanías en el tablero de ajedrez que todos jugamos sin hacer movidas, la desinformación se hará presente. Si algo se aprende de inmediato es que en tiempos de guerra, la moral debe mantenerse elevada, a pesar de creer todo un manojo de mentiras.

La mente y el cuerpo reaccionan instintivamente a modo de auto-conservación, soportando situaciones o datos que de manera casual no podrían hacerse como son la normalización de las muertes y darle rienda suelta a todo tipo de violencia imaginable. 

En las primeras movilizaciones de los batallones rusos a suelo ucraniano, la cadena de mando les informa a las tropas que soliciten ayuda a la población local, ya que les están ayudando a quitar a los opresores neo-nazis que ocupan la región, omitiendo los bombardeos a hospitales y escuelas con misiles crucero hacia ese país. El ejército de Ucrania y sus medios de comunicación coordinan las emisiones de radiofrecuencia, explotando el uso global del Internet al crear narrativas de éxito en los enfrentamientos, prestándose a transmitir las batallas y darle nacimiento a ídolos ficticios como el piloto que repele a los rusos (el Fantasma de Kiev), o los falsos avances de la Legión Extranjera Ucraniana que van ganando el combate en donde quiera que pisen. 

Todas esas mentiras se derrumban como un castillo de naipes con un ligero soplo de aire al momento que comienzan a airearse en la red las atrocidades cometidas por ambos bandos. Ejecución de civiles sin oponer resistencia en las calles con corredores humanitarios de evacuación. Tortura e inmolación de prisioneros de guerra como forma de entretenimiento y sadismo de los captores. Violación a mujeres y niños en sitios asediados por tropas extranjeras o nacionales, inculpando al otro de crímenes de lesa humanidad. Uso de escudos humanos en edificios y espacios residenciales donde alojan munición y protección de militantes. Poses cínicas y con tintes de humillación sobre las fosas de cadáveres que yacen en el suelo. Y así un sinfín de actos deplorables que pintan los interfaces virtuales día con día.    

Es aquí donde las fases de propaganda tocan el suelo, rechazando las multitudes verse dispuestas a apoyar las conscripciones forzadas ante el decreto de una ley marcial para ir a morir bajo ráfagas de balas o explosiones de artillería. Pero, antes de llegar a ese último estadío, el juicio de los espectadores se bifurca en dos caminos: la indiferencia o la apropiación de la ira. La primera fundamenta su actuar como un blindaje mental de evitar ser perjudicada la psique a un nivel severo, mientras que la segunda es quedarse inmerso en una vorágine de estrés constante hasta que el cuerpo aguante.

Muchos actos pueden limpiarse a las orillas del río, bautizándose como una expiación a sus pasados, no obstante, una solución más eficaz es ahogar hasta las profundidades de las aguas esos registros culposos. Cuando ya se hace imposible distinguir los rastros originales, lo único que queda a primera vista es una interpretación o una mentira bien construida sobre las cosas que nadie quiere saber. No importa el número de bots o hackers que distribuyan el contenido de “noticias”, ni el complejo industrial informático de las telecomunicaciones existentes, nadie sabe lo que en verdad ocurre en ese lugar. Un espacio desprovisto no solo de certezas jurídicas con el marco legal, también el de la incertidumbre real de los hechos y las cosas que son transmitidas con parcialidad u omitidas adrede.  

Debo advertir un dato incómodo, no jugando a la neutralidad de los posicionamientos políticos, sino a una realidad patente en nuestras memorias como huesos: ninguna guerra es ni será justa. No hay motivaciones dignas o atractivos ideológicos por los que las vidas humanas merezcan pasar por un proceso semejante. El campo de guerra es el yermo de las libertades, pérdida de humanidad, y donde todos sus participantes mueren, aunque regresen caminando a sus hogares sin cicatrices visibles. 

Antes de que Clío toque su trompeta hacia un bando u otro, decretando la victoria sobre el jardín de todos los lugares y épocas humanas, la responsabilidad de los observadores radica en averiguar qué partes hay de reales en las ficciones cómodas que nos gustan escuchar. Todo lo que tiene un principio también tiene un final, aunque sus resplandores sean efímeros y sorprendentes. La verdad está envuelta en mentiras, en ese rosal lleno de púas traicioneras y venenosas.  

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#iMUNDO

La nueva comunicación de los políticos Outsiders: AMLO

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La victoria de Gustavo Petro en las elecciones presidenciales de Colombia. se une a la creciente tendencia izquierdista en los gobiernos de América Latina. Tomando en cuenta el reciente triunfo, los proyectos de izquierda ya suman siete. 

En 2018 después de la victoria del presidente Obrador en México, se inauguró esta ola contemporánea de proyectos progresistas, a él se sumaron, Alberto Fernandez en Argentina en 2019, Nayib Buleke del partido ARENA en 2019, Luis Abinader de República Dominicana 2020, Pedro Castillo de Perú en 2021, Boric en Chile 2021 y finalmente Petro 2022. 

Importante decir que en cada proyecto de nación, la separación ideológica dentro de estas izquierdas es múltiple y con diferentes aristas. Es decir, no existe una sola izquierda, si no muchas que a veces resultan contrastantes, por ejemplo el proyecto nacional de Bukele en contraposición al de Pedro Castillo. 

Por ello, la comunicación responde a un ejercicio altamente complejo:  en un primer escenario cómo ejercicio de validación y de comunicación institucional, en segundo, como una herramienta con la que se mantienen vivas las diversas líneas discursivas del gobierno. 

En este sentido, si el proyecto de nación aspira a tener éxito, debe contar con una buena estrategia de comunicación, que incluya: propuestas, resultados y una ruta que comunique los valores y metas del movimiento, unificando así las distintas ramas ideológicas de izquierda.

A continuación, una descripción general de la estrategia de comunicación política que ha mantenido el gobierno que encabeza el presidente López Obrador, como uno de los precursores de esta tendencia y máximos representantes. 

López Obrador

Recientemente el presidente sostuvo que el movimiento conocido como la “Cuarta Transformación”, es considerado como pionero y catalizador de la izquierda mexicana, desde del histórico triunfo en las elecciones 2018

“Estoy contento, porque nosotros iniciamos una nueva etapa en el resurgimiento de los movimientos democráticos con dimensión social en nuestra América, es decir, en América Latina y en el Caribe.

Desde que López Obrador se configuró como actor político su estilo de comunicación se ha caracterizado por ser poco institucional y alejado de los tecnicismos políticos del círculo rojo. 

Al día de hoy, ha forjado todo un conjunto de herramientas políticas que acompañan y legitiman su discurso. La primera, sin duda es la conferencia de prensa matutina conocida como la “Mañanera”, desde donde configura la agenda nacional.

El partido que encabeza cuenta con diferentes periódicos, como el “Regeneración”, desde donde se posicionan temas de carácter “oficial” continuando la narrativa de MORENA. 

Por otro lado, el presidente tiene operadores territoriales que de forma estratégica recorren el país promoviendo los diferentes programas sociales e iniciativas, siempre portando el chaleco color guinda. 

Finalmente, el ejercicio de su discurso perse, ya que que propia palabra tiene un alcance e impacto significativo; siempre comunicando a título personal a pesar de enarbolar el papel del ejecutivo. 

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