Donald Trump volvió a convertir un escenario global en su escenario personal. Su discurso en la Asamblea General de la ONU no solo fue un posicionamiento político, sino una clase magistral de cómo usar la comunicación de confrontación como estrategia.
Claves comunicacionales del discurso
Lenguaje directo y emocional
Mientras otros líderes apelan a cifras y diplomacia, Trump apuesta por frases cortas, agresivas y fáciles de recordar. Ejemplo: acusar a países que reconocen a Palestina o cargar contra la migración latinoamericana. Frases diseñadas no para convencer en la ONU, sino para reproducirse en titulares y redes.
El enemigo externo como narrativa central
Narcotráfico, migración, gobiernos “fallidos”… Trump necesita enemigos para construir su rol de “único salvador”. La comunicación aquí es clara: si no hay adversarios, él los inventa.
Agradecimiento estratégico
Su mención a Nayib Bukele fue más que cortesía: es un guiño comunicacional a un líder popular en la región, reforzando la idea de una alianza de “mano dura” contra la migración y el crimen.
Provocar para dominar la agenda
Sus críticas a la ONU como institución son un clásico: no busca resolver, busca incendiar. Así asegura que su discurso no quede enterrado entre los de otros mandatarios. En comunicación, provocar es asegurarse los reflectores.
Impacto comunicacional
Medios: titulares reproducen sus frases más polémicas, no los matices de otros líderes.
Redes: frases diseñadas para memes, clips virales y debates polarizados.
Electorado: refuerza su narrativa de “outsider” que no se doblega, aun en escenarios diplomáticos.
En conclusión
Trump no fue a la ONU a dialogar, fue a hacer campaña global. Y lo logró: el foro diplomático terminó convertido en un foro de comunicación política personal, donde el mensaje no es la ONU, sino Trump mismo.