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#iCULTURA

No soy yo, es la sociedad

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En el cuento de Antoine de Saint Exupery dice el Zorro: para jugar, ¡has de domesticarme!, aunque el “principito” piensa no tener tiempo para ello, apelando a la analogía de crear lazos y crear relaciones, aunque para el Zorro, no será cualquier tipo de relación, posteriormente este dirá: Si quieres un amigo, ¡domestícame! , y con ello, tras reconocerse entre sí, vendrá una serie de normas intrínsecas que pautan tener una mejor convivencia para ambos, esta analogía apela a las normas o reglas que adjudican el reconocimiento de valores, preferencias y costumbres hacia el otro, con todas sus particularidades como ente social, económico,  político o cultural.

 En el plano de social (convivencia) quizá lo forjamos de manera inconsciente, pues nuestro “principito interior pretenderá domesticar solo aquellos zorros que hablan nuestro lenguaje, piensan similar o empatizan con nosotros, empezaré justificándolo bajo un precepto aristotélico, donde menciona que: la primera institución es la familia y en ella reside el arte de gobernar, pues, “no existe una diferencia entre una gran familia y una pequeña ciudad”.  Otras instituciones, como la escuela, que es donde complementamos la interacción social, y es donde se nos educa (aunque la diferencia entre una y otra implica el sometimiento de la voluntad, casualmente infiere en poder).

Es así, que, entre reglas y jerarquías se juegan e involucran distintos referentes provenientes de la realidad de cada sujeto, con sus contrastantes motivaciones, como pieza(s) de rompecabezas, buscando su espacio, lugar o simplemente encajar; siendo sugerente a las particularidades qué conforman la ciudadanía, así mismo, cada sociedad, dará lugar a la conformación para un nuevo institucionalismo o Neoinstitucionalismo, y esto no es más que la nueva manera en que nos regimos para controlar los sesgos qué se entrelazan en la esfera de la vida social, política y económica, pues para cada una existe una especie de institucionalismo; el plano social retoma ese sistema de creencias, valores, mitos, lo que hace que se revalore, cambie y modifique (según su contexto)(Schmidt, 2006), el plano político, es visto como la aproximación con las instituciones gubernamentales (como el voto), reglas jurídicas y marcos normativos  escritos; y el plano económico, busca cuidar un costo de agencia (north,1990) pues busca consolidarse en una estructura corporativa donde una mala comunicación, una orden mal ejecutada a través de eslabones jerárquicos (o corporativos), tendría altos costos (administrativos), algo así como un «teléfono descompuesto». Para Weber es más un análisis del cambio institucional, mediante la racionalidad (aquí puede implicar hasta la “teoría de juegos”) analizando las dimensiones o parámetros de la acción racional y sus formas.

Actualmente, ha mutado hacia el plano digital, donde las normas le dan forma y vida propia, pues la interpretación de sus recursos es tergiversable, existen parámetros para cada target por decirlo de una manera, que se ajustan a reglas estandarizadas de las mismas plataformas en su interacción digital, pues sus  escalafones jerárquicos, segmentaciones, nichos, autoridades, representantes distribución, mecánica y clasificación, han formado parámetros para que surja una plasticidad apreciable sobre el tráfico y consumo de la información, como resultado de tal plasticidad, moldearon y aglutinaron especies de folclore(s)  bajo sus marcos de incentivos y restricciones, pues en la capacidad donde radica el poder sin una norma (ley) establecida en un ámbito de acción específico, no tendrá o existirá posibilidad alguna de ejercer la autoridad, de manera que toda acción singular del poder estará justificada en una ley previa (obviamente… con sus respectivas lagunas), asumirá costos tangibles e intangibles, además de su utilidad para gobernar y más rápida maleabilidad, al parecer, la información ya figura como institución.
Esto implica “considerar todas las instituciones, patrones de comportamiento y procesos sociales, pueden ser explicados en principio de términos de individuos exclusivamente en sus acciones, propiedades y relaciones” (Elster, 1990); pues el individualismo metodológico no los compromete con el supuesto de ser egoístas y racionales en la idea de sujetos vistos como átomoscon existencia pre-social, política y ahora con el alcance exponencial de la digitalización

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