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#iCULTURA

Un baile y no una prisión podría ser el origen de la palabra joto.

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Se dice que “Joto”, el insulto que ha transformado la comunidad LGBTTTIQA+, en una expresión de orgullo y empoderamiento, tiene su origen en la prisión de Lecumberri, sin embargo, esta teoría ha sido refutada con evidencia histórica que señala la existencia de este adjetivo al menos 100 años antes y que ubica su origen, en un baile europeo.

La crujía J de Lecumberri

Ser homosexual en México durante los primeros años del siglo XX, era un delito: el código penal de 1871 condena a las relaciones homosexuales cómo un acto contra natura y una falta a la moral y a las buenas costumbres, conductas que se castigaban con algunos días o meses de prisión.

Este argumento legal dio pie a que muchas personas representantes de lo que hoy conocemos cómo diversidad sexual, fuesen arrestadas y llevadas a la prisión de Lecumberri. Edificio construido durante el mandato del presidente Porfirio Diaz, el cual paso a ser recordado cómo la epitome de la violación a los derechos humanos dentro del sistema penitenciario, debido a la insalubridad, torturas y demás vejaciones cometidas dentro del recinto.

Reos de la prisión de Lecumberri

Lecumberri estaba dividido por crujías que separaban a los presos por categorías. Por ejemplo, en la “A”, estaban las personas condenadas por delitos no graves y en la “I”, los reos que consideran distinguidos. En la sección “J”, segmentaban a las personas que cometían “delitos contra la moral”, los cuales, en su mayoría eran personas de la comunidad gay.

La danza española jota.

Se desconoce quién especuló por primera vez que el apartado “J” de Lecumberri era el origen del adjetivo peyorativo “Joto”, pero la teoría fue tomada cómo verdad, transmitida de boca oído y magnificada por algunos medios de comunicación.

Sin embargo, el historiador Luis de Pablo, demostró a partir de fuentes históricas, que la expresión ya existía al menos 100 años antes que la prisión. Una evidencia de ello es el semanario sarcástico político “El Mono”, quien en 1833 publicó en un artículo la frase “Un monazo viejo y cachetón le dirigía la palabra otro enjuto, meloso y afeminado que se parece mucho a los que de aquí el vulgo denomina Jotos”.

La lingüista y filóloga Concepción Company explica que el verbo “xotar”, era una palabra usada en la España medieval, la cual significaba dar pequeños saltos o brincos, expresión que dio pie a la danza flamenca llamado “Jota”, popular en la región de Aragón.

Las jotas se bailan dando brinquitos con pies apuntados, moviendo los hombros y subiendo y bajando las castañuelas en manos que acompañan el movimiento de brazos curveados. Movimientos que asociaron con lo femenino y con los hombres “afeminados”.

Luis Pablo explica que la palabra “joto”, para referirse a un homosexual, viajó en barco con los primeros colonizadores que arribaron al puerto de Veracruz y se fue diseminado por el territorio mexicano.

Por años, se ha usado este adjetivo para denigrar a la comunidad LGBTTTIQA+, pero este grupo lo ha retomado y usado cómo bandera. Tomarse con humor y hasta enorgullecerse de las palabras que los homofóbicos usan cómo un insulto, es   una muestra de rebeldía color arcoíris.

¡Quien fuese a pensar que origen de la palabra “joto”, no es una prisión, si no una expresión artística!

#iCULTURA

Niña Oscura: una librería oculta con historias de fantasmas

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Por fuera esta librería parece una casa abandonada, pero por dentro, existe un reino de libros, revistas, antigüedades y según los rumores, espíritus.

Se encuentra en el concurrido barrio de Santa María la Ribera, pero la mayoría de los vecinos desconocen su existencia. Decenas de transeúntes pasan a diario por enfrente de su fachada, pero rara vez se percatan que el inmueble está habitado.

Al menos que conozcas la dirección, no podrás dar con su entrada: las puertas están cerradas y carece de letreros que anuncien el giro. Tan solo una hojita con el nombre del lugar escrito a mano, indica que ahí se encuentran la casona dedicada a los libros.

Hay que tocar la puerta y esperar algunos minutos a que un encargado abra. Al cruzar te encontrarás con el patio entre solado de una construcción porfiriana. En el suelo plantas, en sus balcones, decenas de libro y cuadros.

 En la planta baja, hay dos habitaciones con estantes repletos de obras de literatura de ficción en español e inglés, un cuarto con miles de revistas de arte y periodismo que se amontonan hasta rozar el techo, un patio interior acondicionado para leer, un baño repleto de fotografías, piezas deshabitadas y múltiples corredores.

Escalones repletos de libros conducen al segundo piso, a una cámara con obras antiguas en donde quizá, mientras hojeas un libro, una gatita parda de ojos verdes te observe agazapada en un rincón: se llama Mocha y a menudo vista el lugar.

Los techos son altos, los pisos crujen y todo está repleto de objetos intrigantes: fotografías enigmáticas, esculturas, máquinas de escribir.

Si buscas algo en especial o quieres conocer el precio de un objeto, acércate a un dependiente, son expertos en la materia y su trato es siempre amable.

El dueño del negocio, el coleccionista Max Ramos, cuenta que las llaves del inmueble le fueron dadas por una niña mulata de vestido blanco, la cual salió de la casa y corrió hasta desaparecer por una calle aledaña.  Jamás supieron quién era, pero algunos visitantes y trabajadores cuentan que la han oído o incluso visto jugar entre los múltiples claro oscuros de la casa.

En la calle Salvador Díaz Mirón número 142, Santa María la Rivera, CDMX, hay un libro que quiere encontrarte.

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#iCULTURA

De la Diosa Astarté al demonio Astaroth

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Imagínate que un día alguien llegara a una iglesia, tomara la imagen de una Virgen, le diera rasgos masculinos, le cambiara el nombre y dijera que en realidad es un ser maligno y sumamente peligroso ¿Indignante cierto? Aunque no los creas esto fue lo que hicieron los católicos con la imagen de la Diosa Astarté y de muchas otras deidades.

La historia de la humanidad nos ha enseñado que el miedo sirve para someter a las masas y las agrupaciones cristianas son un ejemplo innegable de ello: desde que la Iglesia Católica se fundó se ha allegado de esta herramienta para obtener obediencia y bienes materiales.

El Papa Lucio lll fundó en lo que hoy es el sur de Francia la “Santa” Inquisición, para combatir la herejía cátara en Francia. En otras palabras, creo una agrupación de torturadores y asesinos con el fin de evitar que la gente venerara a los antiguos dioses, por temor al dolor físico o a perder la vida.

Sin embargo, se dieron cuenta de que la angustia que provocaba tan infame institución no era suficiente para alejar a los paganos de su fe. Entonces se les ocurrió otra estrategia: temor a entes malignos.

Danti Alighieri publicó la obra de ficción “La Divina Comedia” en el 1321 D.C y en el dolor de sus personajes las cabezas del Vaticano vieron una oportunidad. Decidieron construir la idea del infierno y de múltiples categorías de demonios.

¿Qué características físicas y nombres les dieron a tan temibles creaturas? Las de los dioses paganos, con el fin inspirar miedo de aquello que veneraban.

El artículo “Cómo le salieron cuernos al diablo”, publicado en el portal digital de la BBC news, explica que los católicos aseguraban que los dioses paganos rivales, como el egipcio Bes o el griego Pan, eran demonios y que años más tarde, cuando el diablo fue representado en el arte occidental se le dio los atributos físicos de dichas deidades, como el vello facial de Bes y los cuernos y patas de cabra de Pan.

Imagen del dios Pan

La mujer, era una figura de autoridad dentro de los matriarcados politeístas pre feudales, por ende, la fe en seres divinos femeninos no cristianos era considerada especialmente peligrosa y más aún si dicha entidad se relacionaba con la sexualidad. Tal fue el caso de Astarté, considerada cómo la madre de toda la naturaleza y diosa de la vida, la fertilidad, el amor y los placeres carnales. 

Astarté en fenicio Ashartil, es la asimilación fenicia- cananea de una deidad mesopotámica que los sumerios conocían cómo Inanna, los acadios, asirios y babilónicos cómo Ishtar y los israelitas como Astarot.  Era considerada la personificación del cambio y, por ende, del nacimiento, la sexualidad y la muerte.

Imagen de laDiosa Astarté

La forma en que se adoraba a esta deidad no era para nada aburrida: incluía libaciones con vino y agua, además del uso de opio y flor de loto cómo psicoactivo.

Los doctores de la iglesia católica decidieron tomar a Astarte cómo inspiración para fabricar a un ser terrorífico “El Gran Duque del Infierno”, un demonio masculino llamado Astaroth.

Litografía de Astaroth

Si algún día una persona religiosa te quiere espantar mostrándote dibujos o pinturas de chamucos ¡No te apures! Ahora sabes que detrás de esas imágenes esta la hermosa Diosa Astarté y otras deidades benignas del pasado.

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La Casa del Cine MX: películas de primera en el centro de la ciudad

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En medio de las bulliciosas calles del centro histórico se instaló algo que desde hace décadas no se veía por la zona: un recinto dedicado al buen cine.

Para hallar la Casa del Cine MX hay que encontrar una puerta de madera rojo intenso que rompe con la monotonía arquitectónica de la calle República de Uruguay, recorrer un pasillo de cerca de 15 metros con posters de películas pegados en las paredes y subir unas escaleras de piedra con letreros neón.

El espacio tiene techos altos, luz solar que entra por los balcones y ventanas, ilustraciones de Jorge Aldrete y murales abstractos.

Su página de internet define a esta organización cómo “Un Punto de encuentro incluyente y accesible, ubicado en el corazón del Centro de la Ciudad de México. Nuestro objetivo, acercar a todo el público al cine de calidad y fomentar la formación en torno a los procesos cinematográficos. Haciendo de La Casa del Cine MX, un espacio de entretenimiento, aprendizaje y expresión al alcance de todos”.

Para llegar a la taquilla hay que recorrer un área adornada con cuadros alusivos a los clásicos del cine. La entrada general cuesta $65 y $45 con descuento de INAMPAM, estudiantes y maestros.

En la cafetería puedes comprar palomitas, refrescos y dulces. Además de productos artesanales cómo refrescos y chapatas.

Cuenta con dos salas de proyección decoradas con series de luz, pensadas para alrededor de 25 personas en cada una. Hay 2 hileras de butacas de cine y en el fondo un sillón revestido de terciopelo.

Además, tienen una pieza con libreros que sostienen montones de libros, una mesa de fútbolito y pinturas que hacen referencia al séptimo arte. A un costado de la taquilla, hay un cuarto de alrededor de 10×10, con mesas, sillas y libros a disposición de los visitantes.

Los directores de este lugar trabajan con diversos festivales de arte y tienen contacto directo con los realizadores de algunos films los cuales llegan a visitar este espacio. Si tienes suerte, puede que un día te encuentres con una directora o un actor en el asiento de alado.

Dirección: Calle República de Uruguay num. 52, Centro Histórico, CDMX, México.

Horario: De martes a domingo de 1:00 pm a 10:00 pm

Precio: $65 entrada general. $45 INAPAM, maestros y estudiantes. $35 segundas vueltas

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