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La televisión en tiempos de Streaming

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La televisión en tiempos de Streaming

Luis Ayala

La digitalización avanza en todos los sectores de forma imparable desde hace varios años y el de los medios de comunicación (radio, prensa, televisión) no se queda atrás. Desde hace más de una década las reglas del juego han cambiado y los medios tradicionales deben competir con los nuevos canales de difusión que reinan en la sociedad.

Internet y las redes sociales se han impuesto y los que no han sabido subirse a este tren tecnológico corren el riesgo de desaparecer.

Pese a esta tendencia, de hecho, puede que incluso hablar programas de televisión este quedando a un lado, y es que actualmente la sociedad vive otro momento en cuanto a virtualización: lo que ahora quieren los usuarios es plataformas, por ejemplo, Netflix, donde obtienen un producto adaptado a sus gustos, personalizado, fácil de usar y caracterizado o segmentado de la manera más fácil posible.

Y es que, en comparación con la televisión tradicional, las plataformas de Streaming, son aplicaciones que ofrecen contenido de video a través de internet en lugar de televisión por cable o satélite, estas permiten transmitir instantáneamente videos en dispositivos móviles como smartphones y tablets, y además puedes disfrutar del contenido en cualquier punto donde te encuentres.

Por ello los medios de comunicación tradicionales se han subido al tren de la transformación digital que, apuesta por satisfacer al usuario y sus gustos, explotando las ventajas se ser canales gratuitos y de uso extendido en todos los hogares, permitiendo llevar el contenido noticioso, deportivo y de interés popular.

Por tanto, de acuerdo con cifras del Instituto Federal de Telecomunicaciones, en nuestro país, las películas, series y documentales son el tipo de contenido audiovisual que presenta mayor frecuencia de consumo con el 85%, 75% y 40% respectivamente, en tanto, siendo Netflix la mayor plataforma de consumo entre los mexicanos, seguida por Amazon Prime Video, Disney+, YouTube Premium y HBO Max.

Por su parte a pesar de estas cifras el consumo de televisión abierta solo ha disminuido en un 2%, esto de acuerdo la última encuesta realizada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Por lo tanto, a pesar de que el consumo de contenidos en Streaming continua en aumento, la televisión sigue siendo eje de la creación de contenido, un ejemplo de ello, los derechos de transmisión de eventos deportivos, como el caso de la NFL donde acordó sus derechos de transmisión por televisión del inicio de 2023 hasta la temporada de 2033. 

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¿Será verdad tu mentira? Desinformación y propaganda en el conflicto ruso-ucraniano. 

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Tras un período de ambigüedad y desencanto por dos años de cuarentenas y alertas sanitarias a nivel global por el SARS-COV 2, el mundo reactiva sus canales económicos, culturales, y por qué no, la tradición de los ejercicios bélicos en las tensiones territoriales o soberanías disputadas. Intercambiando la batuta con el fracaso de Afganistán, la eutimia coreana, y el estatismo sirio, siendo ahora un terremoto anunciado en Europa del Este desde 2014.

La máquina de guerra no es ajena a las civilizaciones, en historia oral como escrita, rinde testimonio sobre las grandes proezas y crueldades que carga consigo. Desde el uso de piedras y flechas, hasta las lanzas atómicas y las últimas creaciones de ingeniería en la aniquilación.

Pero, en pleno siglo de cambios tecnológicos y revoluciones culturales, ¿qué hace diferente al teatro de operaciones bélicas de sus antiguas herencias e historiales? Solo una cosa: se transmite las 24 horas del día a partir de cualquier punto de conexión en el etéreo Internet.  

El uso de la información es tan antiguo como nuestros vestigios enterrados en los montes y valles. Funciona para conservar el statu quo intacto, de igual manera, revertir el orden de las cosas. Sin embargo, su principal objetivo sigue siendo la capacidad de influir en las mentes y toma de decisiones colectivas. Puede ser a través de imágenes y palabras, o quizás ambas. Después de todo, la única forma de someter los sentidos y juicios radica en construir narrativas validadas por morales que se creen correctas.

Si antes de la democratización del uso de Internet las noticias y actualizaciones de los combates llegan por los noticieros o relatos de personas cercanas a los actos, ahora cada persona es un periodista, siempre y cuando tenga a la mano un dispositivo tecnológico que se conecte a la red.

Transmiten los hechos que ven y viven, las realidades y verdades que desean hacer públicas ante una audiencia desconocida que los respaldará en aprobaciones o pésames virtuales. Y sin caer en cuenta, ya dejan de ser meros espectadores, se convierten ahora en participantes con prejuicios y afinidades particulares.

Durante los reinicios del conflicto armado a finales de febrero del 2022, ambas naciones emiten sus declaraciones, agotando hasta los últimos recursos diplomáticos, pero provocando reacciones hostiles. Si algo es bien sabido es que los problemas que no tienen solución se administran, claro que los dos bandos tensan la tolerancia y subestiman la respuesta de su adversario.

A raíz de ello, ocurre lo que aquel pragmático y teórico prusiano de la ciencia militar, Carl Von Clausewitz, aporta a la historia: “la guerra es solo la continuación de la política por otros medios”.

Más allá de movilizar a la caballería armada de los tanques, los despliegues de infantería, y la superioridad aérea de los helicópteros y aviones de combate, el campo de guerra decreta primeramente sus alcances como fines últimos a la hora de transmitir sus motivaciones. Algo que nunca cambia en los mensajes es el espacio de invocar a Marte, para que despierte la pulsión del patriotismo e insufle como vitamina solar las pieles de todos los hombres en aras de cerrar las filas y dirigirse a defender o atacar 

Desde el Kremlin, la bandera informática es el reclamo de las tierras que les pertenecen por derecho, un asunto irresuelto tras vías “democráticas” con los referéndums en las regiones del Donetsk y Luhansk, que están asediadas por un viejo enemigo de la paz, el neo-nazismo de los grupos paramilitares ucranianos de Azov.

En cambio, el estandarte de Kiev versa un discurso apologético de viejos pasados, una victimización de los destinos injustos sobre la nulidad de los Acuerdos de Minsk del 2014, y las falsas promesas escritas de no ser invadidos tras el Tratado STARK a comienzos de los 90’s sobre el desarme nuclear del viejo complejo soviético con el propósito de ser reconocida su independencia y neutralidad político-militar.   

Las dos posturas son válidas si se contrasta el apego al quebranto de normas y las medidas reactivas ante ello. No obstante, el hilo conductor que ambas poseen radica en manipular la verdad a conveniencia, las mentiras parasitan sus versiones. Dos recuerdos no pueden ocupar el mismo sitio, entonces, ¿cuál se descarta y cuál impera? Sencillo, la que pueda falsear de mejor manera su camino entre las opiniones públicas y unifique el fundamento causal con los sentimientos de las personas.

Tratados, acuerdos y falsas acciones

La postura ucraniana radica en la defensa ante lo injusto, y por lo regular, en la historia de los vencidos y las similitudes culturales, se guarda cierto apoyo incondicional a esas causas. Sin embargo, su administración pública actual transgrede el principio pactado de no afiliación militar, buscando su adherencia al bloque de la OTAN en las reuniones del Consejo Europeo y las comunicaciones con Washington.

En contraste, la Federación Rusa hace alusión a ser respetada su zona territorial con base en los principios geopolíticos tras las divisiones pactadas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aunque los antecedentes de las guerras chechenas, los conflictos armados en los Balcanes, el período de ciberguerra contra Estonia y países que afrenten su dominio comercial y político, demuestran que las palabras y los hechos son dos cosas distintas.  

Ya sea “desnazificando” la cordillera de los Cárpatos, o abusando de las confianzas en el juego de soberanías en el tablero de ajedrez que todos jugamos sin hacer movidas, la desinformación se hará presente. Si algo se aprende de inmediato es que en tiempos de guerra, la moral debe mantenerse elevada, a pesar de creer todo un manojo de mentiras.

La mente y el cuerpo reaccionan instintivamente a modo de auto-conservación, soportando situaciones o datos que de manera casual no podrían hacerse como son la normalización de las muertes y darle rienda suelta a todo tipo de violencia imaginable. 

En las primeras movilizaciones de los batallones rusos a suelo ucraniano, la cadena de mando les informa a las tropas que soliciten ayuda a la población local, ya que les están ayudando a quitar a los opresores neo-nazis que ocupan la región, omitiendo los bombardeos a hospitales y escuelas con misiles crucero hacia ese país. El ejército de Ucrania y sus medios de comunicación coordinan las emisiones de radiofrecuencia, explotando el uso global del Internet al crear narrativas de éxito en los enfrentamientos, prestándose a transmitir las batallas y darle nacimiento a ídolos ficticios como el piloto que repele a los rusos (el Fantasma de Kiev), o los falsos avances de la Legión Extranjera Ucraniana que van ganando el combate en donde quiera que pisen. 

Todas esas mentiras se derrumban como un castillo de naipes con un ligero soplo de aire al momento que comienzan a airearse en la red las atrocidades cometidas por ambos bandos. Ejecución de civiles sin oponer resistencia en las calles con corredores humanitarios de evacuación. Tortura e inmolación de prisioneros de guerra como forma de entretenimiento y sadismo de los captores. Violación a mujeres y niños en sitios asediados por tropas extranjeras o nacionales, inculpando al otro de crímenes de lesa humanidad. Uso de escudos humanos en edificios y espacios residenciales donde alojan munición y protección de militantes. Poses cínicas y con tintes de humillación sobre las fosas de cadáveres que yacen en el suelo. Y así un sinfín de actos deplorables que pintan los interfaces virtuales día con día.    

Es aquí donde las fases de propaganda tocan el suelo, rechazando las multitudes verse dispuestas a apoyar las conscripciones forzadas ante el decreto de una ley marcial para ir a morir bajo ráfagas de balas o explosiones de artillería. Pero, antes de llegar a ese último estadío, el juicio de los espectadores se bifurca en dos caminos: la indiferencia o la apropiación de la ira. La primera fundamenta su actuar como un blindaje mental de evitar ser perjudicada la psique a un nivel severo, mientras que la segunda es quedarse inmerso en una vorágine de estrés constante hasta que el cuerpo aguante.

Muchos actos pueden limpiarse a las orillas del río, bautizándose como una expiación a sus pasados, no obstante, una solución más eficaz es ahogar hasta las profundidades de las aguas esos registros culposos. Cuando ya se hace imposible distinguir los rastros originales, lo único que queda a primera vista es una interpretación o una mentira bien construida sobre las cosas que nadie quiere saber. No importa el número de bots o hackers que distribuyan el contenido de “noticias”, ni el complejo industrial informático de las telecomunicaciones existentes, nadie sabe lo que en verdad ocurre en ese lugar. Un espacio desprovisto no solo de certezas jurídicas con el marco legal, también el de la incertidumbre real de los hechos y las cosas que son transmitidas con parcialidad u omitidas adrede.  

Debo advertir un dato incómodo, no jugando a la neutralidad de los posicionamientos políticos, sino a una realidad patente en nuestras memorias como huesos: ninguna guerra es ni será justa. No hay motivaciones dignas o atractivos ideológicos por los que las vidas humanas merezcan pasar por un proceso semejante. El campo de guerra es el yermo de las libertades, pérdida de humanidad, y donde todos sus participantes mueren, aunque regresen caminando a sus hogares sin cicatrices visibles. 

Antes de que Clío toque su trompeta hacia un bando u otro, decretando la victoria sobre el jardín de todos los lugares y épocas humanas, la responsabilidad de los observadores radica en averiguar qué partes hay de reales en las ficciones cómodas que nos gustan escuchar. Todo lo que tiene un principio también tiene un final, aunque sus resplandores sean efímeros y sorprendentes. La verdad está envuelta en mentiras, en ese rosal lleno de púas traicioneras y venenosas.  

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Los guardianes y árbitros de la verdad en Internet.

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Imagínate una realidad política individual creada a partir de algoritmos digitales, la cual no necesariamente empata con lo que vive la sociedad. Parece ciencia ficción ¿cierto? Sin embargo esto ocurre todos los días cuando interactúas en las redes sociales. 

No es secreto que algunos actores políticos se alían con estas plataformas para moldear la opinión pública de acuerdo a sus intereses, frecuentemente aprovechando los vacíos en sus regulaciones para fines electorales. 

El doctor en filosofía política López Noriega, nos explica que existen actores dentro del Espacio Público Digital que actualmente regulan el mismo, sin la necesidad de una intervención gubernamental, ya que han logrado ejercer control dentro de las redes sociales. Al tener el poder de decidir qué es lo que puede ver el usuario, se convierten en los nuevos Gatekeepers del Espacio Público Digital. 

En el año 2011 el politólogo Eli Pariser, afirmó que Internet muestra a la sociedad lo que piensa que quiere ver y no necesariamente la información que necesitamos. Menciona que existe un mundo de algoritmos que buscan acoplarse a las características personales de cada uno de nosotros nombrando que todas estas se encierran en un universo propio que denomina la burbuja de filtro.

La burbuja de filtro es el universo personal de información que uno vive en la red, y lo que haya en la burbuja de filtros, dependerá de quien es uno, y de lo que uno hace, pero la cosa es que uno no decide qué es lo que entra y más importante aún no vemos que es lo que se elimina.

Con esta teoría, podemos confirmar la investigación realizada por la agencia de encuestas YouGov y también aportar la idea de que la gente está motivada para compartir artículos de noticias que son políticamente consistentes con su partidismo, incluso cuando reconocen que la información proviene de fuentes dudosas y puede que no sea cierta. Esto explicado por el fenómeno de la burbuja de filtro.

Los Gatekeepers del 2022, las redes sociales, juegan un papel importante en la emisión de la información, filtrando lo que podemos y no podemos ver, lo que se considera verídico y lo que no. Pero la pregunta es ¿Quién dictaminó su poder?

El 28 de mayo del 2020,  el ex- presidente de los Estados Unidos Donald Trump, firmó una orden ejecutiva entorno a las redes sociales, 48 horas después de que la plataforma Twitter iniciará la verificación del contenido de algunos de sus tuits.

Todo comenzó cuando el ex-dirigente publicó un tuit en donde mencionaba que los republicanos habían sido silenciados por las plataformas de las redes sociales.

Un mes después, Mark Zuckerberg aseguró que: “Facebook no debe ser el árbitro de la verdad”, tras la decisión de Twitter de poner una advertencia debajo de un tuit de Trump, en donde recomendaba a los usuarios buscar información contrastada sobre lo que se está diciendo.

Es así como dentro del Espacio Público Digital se genera la información, en donde quienes manejan el sistema de las principales redes sociodigitales, expresan que sus plataformas son más democráticas que otros espacios de comunicación, sin embargo el nuevo modelo de comunicación política ha cambiado, existen nuevos personajes en el juego que generan burbujas de filtro, logrando convertirse en los guardianes y árbitros de la verdad.

Fuentes:

  TedTalks [TED]. (2011, 2 mayo). Eli Pariser: cuidado con la «burbuja de filtros» en la red [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=B8ofWFx525s 

    Osmundsen,Bang Petersen Y Bor, M. M. A. (2021, 13 mayo). Cómo la polarización partidista impulsa la difusión de noticias falsas. https://www.brookings.edu/. https://www.brookings.edu/techstream/how-partisan-polarization-drives-the-spread-of-fake-news/

López Noriega, S. (2021, 1 abril). La libertad de expresión en el nuevo feudalismo digital. Nexos. Recuperado 10 de octubre de 2021, de https://nexos.com.mx/?p=54536

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¿Cuántos Días de la Tierra nos quedan para conmemorar?

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Tras los mensajes de alerta que se han propagado a lo largo de estos días, es justo reflexionar sobre el medio ambiente.

El 22 de abril se conmemora el día mundial de la Tierra y cada vez más es la preocupación por el futuro que le depara. Los últimos días en redes sociales se han hecho virales videos de científicos llorando de desesperación por el caso omiso que se le da al cuidado del medio ambiente. 

Imagen obtenida de Green Matters

Los especialistas advierten que la agenda para el 2030 no tiene caso ya que se dice que sólo contamos con dos años para reducir de manera importante las emisiones de carbono para poder contrarrestar un poco de lo que se viene. 

Generaciones jóvenes arreglando el pasado

El movimiento ecologista empezó en los años 70s-80s como campañas voluntarias para el cuidado del medio ambiente, lamentablemente hoy en día nadie puede darse el lujo de tomárselo como algo opcional. 

Ahora se advierte a la población joven que es la última generación que puede hacer algo por el planeta, siendo resultado de errores catastróficos de años pasados. Es un peso demasiado denso el que todos tratan de depositar en los jóvenes, siendo el público menos contaminante y más consciente sobre el tema de la conservación del planeta.  

Consecuencias irreversibles

En la actualidad el dicho de “no se puede tapar al sol con un dedo” ha ido más allá que sólo una expresión. Las altas temperaturas que se viven no tienen precedentes en la historia de la humanidad, y se predice que sigan en aumento, así como otro tipo de desastres naturales. 

Tras la impactante noticia de que el cambio de temperatura estaba haciendo florecer a la Antártida, el mensaje fue demasiado claro: ya no sólo se trata de salvar a los osos polares, sino a toda la humanidad. 

Imagen obtenida de Ecoosfera

¿Cuál es la solución?

Las grandes empresas son las que más contaminan y menos hacen, la alta demanda hace que la oferta nunca disminuya y la producción incremente. Al día Coca- Cola vende 25 millones de botellas, de las cuales no se recicla ni un cuarto. 

Así como ésta, existen millones más. Por lo tanto la solución más razonable sería recortar su consumo y optar por cosas más naturales. No sirve de mucho que pidas tu bebida sin popote cuando la empresa de donde salió no respeta el juego de los envoltorios. 

A pesar de que las pequeñas acciones sean subestimadas, en conjunto pueden hacer un verdadero cambio. Sobre todo cuando se trata de dejar de consumir tantos productos no sostenibles para el ambiente. 

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