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AMLO vs Aristegui

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George Orwell desarrolló a lo largo de sus diferentes obras una tesis atemporal: la verdad se oculta manipulándola. 

Durante la conferencia mañanera realizada el pasado viernes en Tlaxcala, el presidente López Obrador arremetió en contra de la labor de Carmen Aristeguí, advirtiendo a la ciudadanía de sus “reportajes calumniosos”.

Como ya he reconocido en diferentes ocasiones en este portal, la comunicación y el poder que se ejerce desde la mañanera forma parte de un ejercicio de comunicación muy poderoso, no solo porque marca en gran manera el debate nacional y la forma en la que se configuran las políticas públicas, sino porque desde ella se desacreditan y se juzgan diferentes acciones desde la cosmovisión y moral del presidente.

Desde nuestra trinchera podemos entender que el presidente se configura no sólo como un político tradicional, sino como un líder moral que encabeza un movimiento revestido de valiosos valores, pero cuando este poder se utiliza para arremeter contra todo aquello que no le gusta, se convierte en una inquisición presidencial.

Desde Aristegui Noticias, la periodista dijo: 

​​“el trabajo de los periodistas es importante en las democracias. Puede resultar odioso, puede resultar antipático, puede resultar incómodo, puede resultar lo que usted quiera; pero al final de cuentas los periodistas tenemos una tarea que hacer (…) los ejercicios de debate, de los sistemas de interés público, la crítica que es un ingrediente básico en los democracias”.

Usualmente este tipo de arrebatos en contra de diferentes periodistas y medios de comunicación son rechazados y señalados con rapidez por la ciudadanía, sin embargo, este discurso también es aceptado, asimilado y reproducido por aquellos que comparten postura con el presidente, desgastando así el valor de la información. 

La famosa frase “Yo tengo otros datos”, es una proyección de cómo se concibe la información desde Palacio Nacional. De esta manera, se manipula la información en aras de que “encaje” con la versión oficialista o aquella que más conviene. 

Este tipo de expresiones fomentan la polarización pero, sobre todo, destruye la credibilidad y la labor que las y los periodistas ejercen día con día. El peligro del discurso del presidente es que muchas veces estos discursos recaen en “desinformación afable». Ejemplos sobran, uno de ellos, la reciente recesión económica técnica que sigue sin reconocerse desde gobernación. 

La rivalidad del presidente con la prensa es un fenómeno que no podemos dejar pasar, cuestionar la información oficialista debe ser prioridad en esta administración, además de proteger los diferentes espacios de comunicación en aras de defender la pluralidad de ideas.

Al fin y al cabo, y como tuiteó la periodista Lydia Cacho, “no estamos aquí para caerle bien a los poderosos sino para decir la verdad”. 

Nada de lo que escribí responde a un gran descubrimiento, mi intención es sumar palabras a las voces que se unen en pro del libre ejercicio de la expresión. “Hay mucho trabajo que hacer”, dijo Hernan Goméz. 

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